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Este es mi pequeño espacio. Las palabras que aquí escribo forman parte de lo que veo y pienso, o de lo que quiero citarles. No copies, cita. Eso es más bonito.

domingo, 2 de febrero de 2014

LA NIÑA QUE VIVIA EN EL PAIS DE LAS SOMBRAS



Había una vez una niña, que vivía en el país de las sombras; siempre estaba rodeada de ellas, las veía a su alrededor, siempre las veía, pero jamás podía tocarlas, ni hablarles. Las sombras siempre estaban cada una en sus asuntos, asuntos importantes. La niña fue creciendo y aprendió a hablar, caminar y vivir a su manera, era una manera muy extraña, pues la niña, no se sentía muy bien cuando sombras extrañas le acompañaban o buscaban relacionarse con ella.


A la niña le gustaba dibujar, y escribir cosas, a veces mostraba a sus sombras lo que creaba, pero ninguna le prestaba atención, esto la hizo sentir mal, pero la niña no dejó de hacer lo que tanto le gustaba. Solo dejó de compartirlo con las sombras. Y así, paso el tiempo y la niña comenzó a vivir en su propio mundo, uno en el cual las sombras no podían ver lo que ella hacia ni saber lo que sentía y a ella comenzó a gustarle estar en ese mundo oscuro porque la niña ya no encendía ninguna luz (así las sombras no podían verla ni ella a las sombras), pero un día la niña comenzó a notar que su pecho crecía y crecía no sabía a qué se debía y la verdad no le prestó atención al principio, pero tras pasar algún tiempo el pecho comenzó a dolerle, le dolía demasiado y una noche esperó a que las sombras no estuvieran cerca y decidió encender la luz y mirarse al espejo, allí se dio cuenta de lo que causaba su dolor: había guardado demasiadas palabras en él, tantas, que este se enfermó y quería explotar. La niña se miró y de repente su reflejo le habló
-Debes decirme lo que guardas, debes confiar en mí y sacar todas esas palabras que tienen enfermo tu pecho, así te sentirás mejor y tu corazón no explotará.
La niña le dijo que era muy difícil.- ella nunca había contado sus sentimientos a nadie, no confiaba en nadie, ni siquiera sabía cómo hacerlo-
-Solo mírame. ¿Lo ves? Esta eres tú. ¿Dime que ves? Dime que guardas allí en tu pecho pequeña
La niña miró su reflejo, y recordó esas palabras que le quedaron grabadas en la memoria y que ahora guarda en su pecho inflamado…
-Soy fea…soy muy fea, por eso las sombras no me quieren. -El reflejo sonrió y le dijo que no había en ella nada feo, que era muy especial, pero la niña no le creyó
-Dime, ¿que mas guardas allí? Debemos desinflamar todo tu pecho. No te juzgaré. Lo prometo.
-Todos piensan que soy mala, por eso, debo ser mala. Y eso me hace sentir mal, no quiero ser mala.
-No lo eres, eres una niña buena, hay sombras que solo mienten para herirnos pero no debes prestar atención a ellas, eres muy bue -la niña interrumpe con un grito muy fuerte-
-¡cállate! ¡Solo mientes! Tienes lastima por mí, porque ni siquiera eres alguien.
-si soy alguien, soy tú, pequeña.
La niña golpeó con fuerza el espejo y cientos de pedazos cayeron al suelo.
La niña se asustó por lo que hizo, corrió y apago la luz. Se acostó en su cama y se escondió bajos sus sabanas. Solo quería dormir, quería olvidar que había destruido lo único que le había escuchado y tratado bien en su vida.
La niña durmió y durmió, a veces despertaba y comía, pero muy pronto volvía a lo mismo, a la oscuridad de sus sueños, a esa que tanto se parecía a la que la acompaño desde el día en que intento encender las luces para siempre, pero fue demasiado tarde, las luces no encendieron jamás.




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